El Oro Verde (HENEQUEN) : Documental Los Juicios Mas impactantes histo… online

sabremos cómo la necesidad de extraer con más eficiencia la fibra de henequén impulsó al gobernador de Yucatán a convocar un concurso para premiar a quien construyera la mejor máquina raspadora.

Manuel Cecilio Villamor y Esteban Solís, los inventores de los dos diseños más efectivos, se envolvieron en una serie de juicios por la patente de una máquina que revolucionó la industria de la península y que no encontró su decadencia hasta mediados del siglo XX. #LosJuiciosdeMexico #Juicio #MasDocumentalesdelCanal #OroVerde #Henequen .

Las opiniones vertidas en este programa son responsabilidad de los entrevistados.

El mayor obstáculo que se ofrecía al desarrollo de la industria era la falta de la máquina raspadora. Y esto llegó a ser para los yucatecos una obsesión. La legislatura del Estado decretó un premio de dos mil pesos para el que inventara la máquina. Un ingeniero mecánico alemán, el Sr. Luis Koch, dijo haber inventado una que producía 40 arrobas diarias de filamento; pero que cada máquina valdría los dos mil pesos y que como premio se le dieran diez mil pesos. Se forjaron muchas ilusiones sobre el brillante resultado ofrecido; pero el ingeniero alemán fracasó, como habían fracasado todos los extranjeros que se habían ocupado en el asunto. En los Estados Unidos se había declarado que la máquina que se pretendía era un imposible. Los yucatecos no lo creyeron así porque diariamente palpaban la necesidad de ella, y tenían fe en que más o menos tarde se llegaría a conseguir el ideal acariciado. También fracasaron muchos yucatecos: Ramírez, Millet, Juanes Patrulló, Canto Sosaya, Espinosa Rendón, Solís (José Eleuterio), Villamor (Florentino), Meric y otros que al fin abandonaron sus proyectos. Únicamente insistieron dos incansables luchadores: D. Manuel Cecilio Villamor y D. José Esteban Solís. El Presidente de la República, D. Antonio López de Santa Anna, declaró a Villamor inventor de una máquina de raspar henequén y le aseguró la propiedad d su invención. Para explotarla se formó una sociedad de los distinguidos yucatecos: D. Miguel Barcachano, D. Juan Miguel Castro, D. Ignacio Quijano y D. Pedro Crámery. Llegó a construirse la máquina y parece que al principio se creyó que podría dar resultado; pero pronto se desengañaron porque las dificultades que se presentaron en el trabajo no pudieron vencerse. Entró el desaliento, el desacuerdo entre socios, y la máquina abandonada definitivamente fue desarmada y vendida aisladamente en piezas. El Gobierno de Yucatán, a cargo de D. Santiago Méndez, expidió un decreto el año de 1857, tres años después del que favoreció al Sr. Villamor, declarando también inventor a D. José Esteban Solís y asegurándole la propiedad de su invención. La propiedad fue otorgada por diez años, al cabo de los cuales después de haber gozado de los derechos de inventor y de haber promocionado a gran número de haciendas la “Máquina Solís”, la Legislatura del Estado expidió un decreto el año de 1868, adjudicando al mismo D. José Esteban Solís el premio de dos mil pesos por la invención de la máquina. Al publicarse este decreto, D. Manuel Cecilio Villamor ocurrió a la Legislatura pidiéndole que suspendiera los efectos del mismo hasta que se aclarara a quién pertenecía el premio. La legislatura declaró sin lugar la solicitud de Villamor por no haber expuesto una sola razón en que pudiera fundarse. Declaró también que al otorgar el premio a Solís, lo había hecho en vista de que el público tenía ya resuelta la cuestión en su favor, por ser de este inventor la máquina que ha servido tanto tiempo en las haciendas, y por haber disfrutado del privilegio de diez años que se le había concedido. Despechado Villamor con la resolución de la Legislatura, demandó a Solís ante los Tribunales por la cantidad de diez mil pesos, en cobro de perjuicios causados por haberle usurpado la máquina de su invención. Esta demanda la promovió Villamor a los trece años de haberse otorgado a Solís la propiedad de su invención y tres años después de haberse extinguido el derecho de éste al privilegio que gozó durante diez años, es decir, cuando la máquina ya pertenecía al dominio público. […] Esta sentencia causó ejecutoría, como cosa juzgada, y conforme a la Ley debe ser considerada como la verdad legal, aun cuando no sea, como en este caso, la verdad moral. Esta vez, como otras muchas, la Opinión Pública fue la que dictó su fallo […].

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